Cuentas en dólares en bancos venezolanos
Buen provecho, Acerola - Capítulo 1
Nota general: si saben un poco de japonés, vale la pena señalar que el narrador usa la expresión "ore-sama" (俺様) exclusivamente como un pronombre en primera persona. En general, transmite una sensación de masculinidad excesiva y arrogante. Como tods los pronombres japoneses en primera persona, es más de carácter de social (si se quiere) que algo intrínseco y relacionado a la naturaleza de uno mismo.*
1 Laura (ローラ), en japonés, es caso idéntico al Rola (ロラ) de Acerola.*
2 El narrador literalmente hizo (y seguirá haciendo) una comparación con la comida o al acto de comer.
* Notas originales del traductor de Mirrored Translations.
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Sí. He decidido traducir una que otra cosita de mi interés sin ningún tipo de compensación a cambio ya que se tratan de obras publicadas. Lo hago únicamente por practicar un poco y porque estas historias me gustan. Igual si me quieren ayudar con otros textos no traducidos al español (en inglés o francés) o de otra forma, pueden escribirme o comentarme.
Acepto comentarios, correcciones y sugerencias 😏
- Autor: Nisio Isin
- Traducción al inglés: Mirrored Translations
- Capítulos: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20
- Obra en la que se encuentra: Wazamonogatari, p 20-21
Productividad laboral: cómo no morir en la oficina
Divide tu horario laboral
- Lo primero que hacía era armar la ruta del mensajero: si podía tenerla lista desde el día anterior, mejor para él y para mí ya que de mí dependía que él iniciara su jornada laboral
- Ya luego podía "relajarme" con las demás tareas pero un must, tanto en este trabajo como en otros, siempre fue revisar el correo: en él estaban los mensajes nuevos que bien podían ser pedidos, quejas o incluso nuevos problemas a resolver
- Las tareas más pesadas o complicadas las dejaba para después, de manera que pudiera usar mi mañana para resolver todo lo pequeño o importante y así poder dedicarme a lo más complejo o menos urgente
Programar mensajes
Uso de borradores
Calendario Google o planificadores/listados
Prioriza tareas
Descanso mental
No procrastines demasiado
Baja la santamaría
Anticonsejo: mantente callado
Sobre la pandemia
El cruel cuento de hadas de la Princesa Hermosa
- Autor: Nisio Isin
- Traducción al inglés: Mirrored Translations
- Obra en la que se encuentra: Wazamonogatari, p 8-15
The radio demon
Entre el hecho de tratarse de animación para adultos con un diseño de personajes que parecen dirigidos a un público más inocente, cada personaje presentado cuenta con una particularidad bastante especial y quizás hasta llamativa para quienes vieron el capítulo y, de inmediato, se enamoraron de ellos: un prosituto rosado que parece mujer
Alastor es uno de los personajes, sin lugar a dudas, que atrapó más corazones a causa de su personalidad tan sincera y egoísta, su sentido de la moda y su capacidad para hacer cumplir con sus deseos.
Para mí fue sumamente curioso cómo el Radio Demon fuese uno de los más poderosos en el infierno, así como uno de los más temidos. ¿Por qué? No, no el por qué le temen sino su relación con la radio.
Lo primero que pensé fue en La guerra de los mundos. Para quienes estén al tanto, fue Orson Welles quien narró en un programa de radio un fragmento de esta novela. La intención era entretener a los radioescuchas. Sin embargo, muchos de ellos se perdieron el inicio de la narración, donde el locutor advierte que se trataba de una obra de ficción. El resultado fue una de las emisiones de radio más históricas de todos los tiempos debido a la conmoción y el caos generados.
La radio es uno de los primeros medios de comunicación que podía extender su información en un rango geográfico amplio y casi en tiempo real. A diferencia de los medios impresos, la radio podía hacer llegar su mensaje al instante.
Uno de los países pioneros fue Argentina. En 1920, inició con sus emisiones radiales, siendo una ópera de Richard Wagner una de ellas.
La música siempre ha formado parte de la grilla de una radio, así como los programas de interés general o para público específico, y las noticias e informaciones.
En Hotel Hazbin noté la presencia de dos elementos: la música, por supuesto, y el hecho de que Alastor informase sobre sus hazañas. Es más, el capítulo inicia con un programa de televisión.
¿Han visto en la película de Peter Pan cómo dicen que las hadas mueren si no crees en ellas? En el caso de Alastor, pudiese ser que su fuerza se deba a ello.
Por supuesto, el mismo personaje le confiesa a Charlie que su interés de ayudarla con el hotel se debe nada más por mero y puro placer personal. ¿Quién me dice que sus transmisiones radiales no eran por lo mismo? Puede ser que sí como también su poder pudiese ser el resultado de esto: al buscar el placer propio, se encontró con algo más. A medida que se expande el miedo y el conocimiento de que algo existe o es posible, es más probable que quede fijado en la memoria de las personas.
Alastor, según algunas teorías del fandom, fue un locutor en vida. Un locutor que se tomaba la molestia de relatar los asesinatos que realizaba. Porque sí, Alastor era un asesino serial, o eso teorizan algunos.
| @Kookiesz en Twitter |
Su manera de esparcir el miedo (la información), incluso entre demonios, quizás fue lo que le ayudó a alcanzar el estatus que ahora posee entre ellos. Con riesgo a equivocarme, a pesar de su poder, algo me dice que Alastor no es más fuerte que otros seres por debajo de Lucifer. Me queda esa inquietud de un demonio televisión que aparece mucho más arriba en la narración histórica de Vaggie. Pero, más aún, me causa curiosidad el mismo Lucifer y esas teorías del fandom en donde él y Alastor se conocían desde antes.
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Referencias bibliográficas
"Alastor". Hazbin Hotel Fandom. Web. 25 de diciembre del 2019.
"Hazbin Hotel (Piloto) | Fandub Español". Fasty dubs. Youtube. Web. 25 de diciembre del 2019.
"History of broadcasting". Wikipedia. Web. 25 de diciembre del 2019.
Feminismo venezolano según una millennial
A lo que voy: el feminismo.
Creo que no es noticia para nadie que desde hace algunos pocos años, el feminismo ha tomado un auge más o menos importante. Cuando era estudiante de primaria y secundaria, se limitaba únicamente a los movimientos que las mujeres hicieron en tiempos pasados a fin de que se reconocieran sus derechos. Como la presidencia de Medina, donde al fin pudieron hacer valer su derecho al voto. Como la creación del antiguo Ateneo de Caracas, donde artistas, tanto hombres como mujeres, trabajaron en conjunto para inaugurar un espacio dedicado a las artes.
Cuando llegué a la universidad, se limitaba a aquellas mujeres escritoras, tanto de mi país como de otros, que decidieron tener una voz, que decidieron escribir y dejar su huella en el mundo. Mujeres como Zelda Fitzgerald, Teresa de la Parra y muchas otras que usaron nombres de hombres, inclusive, para que sus textos fuesen aceptados por una comunidad en la que no vales si no eres un hombre.
En lo personal, si bien admiraba de alguna forma sus trabajos así como su empeño, nunca me consideré simpatizante de este movimiento, mucho menos una feminista como tal. Quizás porque mi entorno estaba lleno de mujeres: de todos los tamaños, edades y circunstancias. Mujeres que creían en la figura del hombre como pilar fundamental de la familia así como mujeres abandonadas o que han abandonado. Mi mundo siempre ha sido uno matriarcal en mayor o menor medida.
Hace algunos días me preguntaba el motivo de esto, de mi no apoyo a causas feministas excesivas. Caí en cuenta de lo primero (el carajazo de mujeres que rodean mi vida) así como en el hecho de que muchas de esas mujeres, sin importar si creen o no en el patriarcado, son mujeres para nada pasivas.
En mi familia, por lo general, hay más mujeres que hombres: tías, primas, sobrinas... No puedo decir que no hay padres que, bajo la más pura tradicionalidad, se quedan con sus familias porque ahí es su hogar. Pero muchas de mis tías llevaban la batuta en casa, incluso una se atrevió a abandonar a su marido luego de años de matrimonio y de 8 hijos aproximadamente.
Cuando estaba en el colegio, conocí a quien sería la conductora del transporte que me llevaba al colegio y de ahí a casa. Una mujer. Mujer que, un día, nos bajó a todos los niños del auto para cambiar ella misma su caucho espichado. Creo que fue una buena lección silenciosa: nos bajó a todos, sacó el gato y la llave de cruz, metió el gato bajo el vehículo, lo subió, desatornilló el caucho, puso el otro, atornilló, bajó el gato, listo. Quizás más simple y rápido que ponerse una uña de silicón.
A lo largo de mi vida he conocido doctoras, abogadas, mujeres con X cantidad de títulos, doctorados y posgrados. Ustedes dirán: "Ajá, pero eso lo puede hacer cualquier mujer". Por supuesto, en nuestra sociedad y tiempos actuales, ya no es algo que nos esté prohibido ni que tampoco sea inaccesible. Pero también he visto mujeres con mucha menos reserva al momento de hacer "trabajos de hombres": conductoras de autobuses o colectoras de efectivo en las camioneticas. Me causa cierta gracia lo último, sobre todo. Para mí es algo normal, pero para un hombre que tomó el mismo autobús que yo hace una semana atrás, le pareció algo particular: "Ahora ves más fiscales mujeres que hombres". ¿Y cómo no habría de ser así si hay más mujeres que hombres en el mundo?.
Fue en ese momento en que entendí el motivo por el cual no creo en el feminismo: mi realidad no solo está llena de mujeres, sino de mujeres que hacen. No dispuestas a hacer, sino que hacen de una vez: emprendedoras, trabajadoras activas, incluso madres que dejan a sus hijos en manos del marido de turno o aquellas que administran y controlan todo lo que éste gana cada quince y último. Quizás sea por la misma sociedad en la que vivimos. A las mujeres las han jodido tanto los hombres que algunas, hoy día, no están dispuestas a dejar que eso pase: o los joden primero o los dejan para hacer lo que quieren y lo que les conviene. Al menos en el caso de aquellas mujeres que conozco, mujeres que no pueden esperar toda la vida a que el hombre solucione un problema.
Hay de todo en la viña del Señor, dicen. En eso sí creo.
Sobre mí
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